
Para retratar a una persona, ¿existe mejor manera que adentrarse en su círculo íntimo y conversar abiertamente con ella, como de amigo a amigo? Si una vez logrado esto se cuenta con la destreza periodística y literaria de Truman Capote, la calidad del perfil obtenido estará garantizada. Y esto es lo que pasa con Retratos: todos los perfiles del libro son de una calidad prácticamente inmejorable.
Capote, con su prosa directa, ágil y clara, desnuda a varias celebridades norteamericanas de los años cincuenta sin detenerse a pensar en sí debería o no publicar tal o cual confidencia obtenida durante las entrevistas con esos famosos personajes.
Retratos está dividido en dos partes; en la primera se incluyen extensos perfiles de Marlon Brando, Cecil Beaton, Elizabeth Taylor, Marilyn Monroe y Tennessee Williams, personalidades con las que mantuvo contacto directo para poder llevar a cabo sus perfiles. En la segunda parte, llamada Observaciones, los retratos son radicalmente más breves, donde, en algunos casos, Capote ni siquiera estuvo personalmente con los retratados y sólo se limitó a expresar subjetivas connotaciones sobre ellos. Observaciones incluye perfiles de personalidades como Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Coco Chanel, Louis Armstrong y Humphrey Bogart entre otros.
Una frágil y tierna Marilyn Monroe (“una adorable criatura”), una culta y bella Elizabeth Taylor, un tristísimo Tennessee Williams y un alcohólico y ambicioso Richard Burton forman parte del universo de Retratos.
Los perfiles están llenos de jugosas anécdotas y divertidas entrevistas que hablan de los personajes (y personas) y, ¿por qué no?, del mismísimo Capote.
martes 29 de julio de 2008
The Truman Show
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lunes 3 de diciembre de 2007
¿Vos creés que ese short es lindo?
Camino a la playa, la Yiyi lucía su short azul estampado con anclas rojas. Gi, su amiga, le preguntó: "¿Vos creés que ese short es lindo?", lo que provocó mi inmediata carcajada, ya que siempre había pensado que ese short era el más feo del mundo. Sin embargo, la Yiyi sostiene, aún hoy, que se trata de algo muy bello. La votación queda abierta: ¿Qué pensás de este short? Dejá tu comentario con tu voto.
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jueves 8 de noviembre de 2007
Como Pancho por su casa
Casi todos tienen historias sobre sus mascotas, muchas son divertidas, otras rozan lo inverosímil y otras son simples relatos que, carentes de espectacularidades, sirven, aunque más no sea, para entablar conversaciones o pasar el tiempo mientras se espera en la cola de la veterinaria.
Yo tengo un perro marca perro que se llama Pancho. Tiene aproximadamente nueve años, cuarenta centímetros de altura y un solo testículo. El tiempo blanqueó su hocico pero no le quitó la tristeza de la mirada, aunque cuando hace mucho calor saca la lengua y parece que se estuviera riendo.
Pancho tiene además otros nombres: Peteco, Pitulino, Vitilo, Vitilino, Vichilo y otros que no recuerdo en este momento. Supongo que esa es la explicación a su falta de obediencia cuando alguien lo llama, excepto que ese alguien tenga algo de comida para ofrecerle a cambio de su molestia.
Siempre dije que Pancho, en su vida anterior, fue un rey o un multimillonario y que ahora está dispuesto a continuar con una vida similar a la que, según mi teoría, tenía. Prueba de ello es el hecho de que es el único perro que conozco que come pollo al horno (si, pollo al horno) todos los días.
A Pancho no le gusta estar solo en la casa y se esfuerza por hacerselo saber a quien ose dejarlo sin compañía humana. Cuando alguien se prepara para abandonar la vivienda, cuenta con la inseparable presencia del can y su mirada de “¿me vas a dejar aquí solito? No podés ser tan hijo de puta”.
Para ser un perro de departamento, Pancho es demasiado exigente. ¿Sabían ustedes que no caga a no ser que no sea en el cantero de un árbol que está ubicado a cuatro cuadras de la casa? Es llevarlo hasta ahí todos los días o contar con la presencia de su hediondo excremento en el lavadero.
Pancho no dice “mamá” ni “papá” como la perra de una vecina que teníamos antes. Tampoco trae el diario, no hace el muertito ni da vueltitas. Nunca da la patita, no obedece a los llamados que se le hacen y, menos que menos, cuida la casa de los ladrones cuando no hay nadie.
Pero como lo quiero al hijo de puta.
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