Mientras siguen las disputas entre ex conscriptos y oficiales y suboficiales de cuadro, la ley que pretende establecer las indemnizaciones para los veteranos todavía espera en el Congreso y genera desazón.
“Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado”, solía decir el pensador alemán Gotthold Lessing. Pero en Argentina los que prometen pasan, y los que esperan siguen esperando. Con esta realidad sobre la mesa, los veteranos de Malvinas llevan ya 25 años aguardando la promesa del resarcimiento histórico moral y económico por haber luchado por la soberanía nacional.
Patricio Mendiondo, director del sitio El Malvinense, explicó de qué se trata este resarcimiento: “Desde el año 82 hasta el 89, al ex conscripto que no era parte de las Fuerzas Armadas no se le dio atención alguna, ni de salud ni psicológica ni económica, por ello los sectores de veteranos vienen reclamando desde hace años una suma que oscila los 200 mil pesos”.
A este reclamo monetario se sumaron luego los oficiales y suboficiales del Ejército, lo que fue considerado injusto por los ex conscriptos ya que ellos fueron los que sufrieron las peores consecuencias de la guerra: los suicidios, tema que quedó muy bien documentado por una nota con varios testimonios que ofreció la revista Rolling Stone en su número 25.
Juan Carlos Ianuzzo, secretario administrativo de la Asociación Veteranos de Guerra de Malvinas, no quiso hablar de montos pero sostuvo: “El tema del resarcimiento histórico moral y económico se tiene que tratar sí o sí cuanto antes, aunque entiendo que se demore porque es algo bastante complejo”.
Lo cierto es que el 23 de octubre de 1984 se promulgó la ley 23.109 que establecía quiénes eran considerados veteranos de guerra de la Nación (la distinción radicaba básicamente en la actuación o no bajo fuego enemigo) y por consiguiente, quiénes podían acceder a una serie de beneficios en áreas como salud, vivienda y trabajo. Esto derivó en que la cantidad de ex combatientes pasara de 12.000 a 25.000 en poco tiempo, tal como lo afirmó un informe del diario Clarín del 3 de enero de 2000.
Además, la ley 23.109 dio origen a una disputa entre los mismos veteranos (ver recuadro), aunque actualmente hay un nuevo proyecto de ley sobre el resarcimiento que pretende abarcar a todos, sin mayores distinciones.
Separando la paja del trigo
La existencia de decenas de agrupaciones de veteranos de Malvinas demuestra que la unión no siempre hace la fuerza.
Muchas de las divisiones de ex combatientes en grupos se deben a cuestiones geográficas, pero existe otra que va más allá de la mera ubicación de los agrupados: muchos ex conscriptos quieren diferenciarse de los oficiales y suboficiales del Ejército.
Patricio Mendiondo sostuvo: “Los conscriptos fueron abandonados del 82 al 89 sin recibir un solo centavo o atención médica psicológica, y es por ello que deben de recibir distinto trato”, y agregó: “Muchos grupos de oficiales que cobran su retiro quieren los beneficios que sólo son para los ex combatientes y ahí viene el problema”.
Una muestra más de esta postura es la carta que un centro de ex soldados correntinos (como se autoproclaman) le envió hace dos años al presidente Néstor Kirchner: en la misiva criticaban la pensión honorífica otorgada al personal de cuadro aduciendo que “muchos de ellos maltrataron, mal alimentaron, torturaron y hasta fueron responsables de las muertes de varios conscriptos".
Un capítulo del libro 25 años Malvinas desde Mar del Plata escrito por alumnos de TEA empieza con una frase de un ex conscripto que habla por sí sola: “No somos iguales”.
lunes 24 de diciembre de 2007
Ahora la guerra es por el resarcimiento histórico moral y económico merecido
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miércoles 15 de agosto de 2007
El sexo es salud ... y negocio
Parte 2
El sexo vende, no es ninguna novedad. Basta pasar por un kiosco de revistas y ver la cantidad de publicaciones con mujeres casi desnudas en sugerentes poses para darse cuenta. O navegar por internet y ver la pantalla inundada de estridentes avisos que llevan hacia sitios subidos de tono o directamente pornográficos. O abrir el correo electrónico y recibir varios mensajes con ofertas de medicamentos contra la impotencia masculina. O encender el televisor y ver eróticas coreografías de baile alrededor de un caño. Situaciones como éstas hay muchas, y todas no hacen más que confirmar que el sexo es un excelente negocio.
Traviesas ocupaciones
Resulta imposible no relacionar sexo con prostitución. Y la prostitución, por carácter transitivo, también es lucrativa. Celeste, una travesti que trabaja en su propio departamento, sostiene que: “Es un negocio donde se ofrece un servicio a cambio de dinero, como cualquier otra cosa, y está bien pago. Yo pienso que en Argentina es bueno el negocio de una travesti porque está bastante bien pagado. Aparte, nosotras trabajamos mucho más que una mujer que ejerce la prostitución. Yo, por mi parte, soy muy feliz con lo que hago y me manejo con total tranquilidad.”
Celeste, al igual que otras mujeres y travestis que ejercen la prostitución en sus casas, consiguen sus clientes a través de sitios de Internet o por avisos en los diarios, pero hay más de 200 travestis que noche a noche buscan complacer a algunos de los 3.000 hombres que deambulan por el Rosedal de Palermo (la nueva zona roja de la Ciudad de Buenos Aires) buscando “experiencias” libidinosas.
¡Cambio, cambio!
El swinger, ó intercambio de parejas (ó el esposo de ésta con la mujer de aquel y aquel con ésta) es una actividad que no para de crecer. Y para que siga creciendo hay quienes ya ofrecen talleres para los que todavía tienen dudas. Por 60 pesos, las parejas pueden interiorizarse en los pormenores de la práctica swinger asistiendo a los tres módulos que componen el taller: presentación y aporte del especializado (las fantasías y el enriquecimiento en la pareja), una breve historia de vida real y trabajo corporal: práctica sensorial interactuada. Ah, el precio, además, incluye un snack.
Los que ya se decidieron pueden obviar el taller y asistir directamente a alguno de los tantos clubes swinger que existen en Buenos Aires. Moon Swinger, por ejemplo, cuesta 50 pesos por persona y ofrece un espacio íntimo lleno de alegría, erotismo y sensualidad. Star New de Flores cuesta 50 pesos los viernes (incluye dos consumisiones) y 30 pesos los otros días. En Venezuela al 3500 se encuentra Class Hot, un pub swinger lleno de onda y privacidad. Cuesta 25 pesos en promedio para cada miembro de la pareja con dos consumisiones, pero el precio se eleva hasta 60 pesos (con una sola consumisión) si el que asiste es un hombre sólo con ganas de ver de que se trata todo el asunto del swinger.
El Salvador
El Viagra, medicamento para mejorar la función eréctil en el hombre, ha sido muy importante para la industria del sexo en general. Se podría decir que ha reavivado (además de muchas parejas mayores de 50 años) varios negocios relacionados al placer. La cuenta es clara: cuanto más hombres activos sexualmente, más consumo de prostitución, de películas pornográficas, de juguetes íntimos, etcétera.
Sin bien los laboratorios se niegan a dar cifras, lo cierto es que desde su aparición en julio de 1998, la venta de Viagra no paró de crecer y se ha transformado en el producto estrella de quienes lo comercializan.
Cada tableta de Viagra trae dos comprimidos y su precio varía entre 9 y 10 pesos según el laboratorio.
Conclusión
La vida moderna ofrece muchas alternativas de placer, y detrás de cada una de esas alternativas hay quienes ofrecen sus servicios por un módico (ó no tan módico) precio. Y como en todos los órdenes de la vida, hay diferentes calidades y para todos los gustos.
La tecnología no sólo ofrece sus encantos a los millones de consumidores alrededor del mundo, sino también a quienes le ven el costado comercial a todas las cosas.
Ya sea que uno “compre” ó “venda” placer sexual, si hay respeto, responsabilidad y cuidado del cuerpo, el negocio es para todos.
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El sexo es salud ... y negocio
Parte 1
El sexo vende, no es ninguna novedad. Basta pasar por un kiosco de revistas y ver la cantidad de publicaciones con mujeres casi desnudas en sugerentes poses para darse cuenta. O navegar por internet y ver la pantalla inundada de estridentes avisos que llevan hacia sitios subidos de tono o directamente pornográficos. O abrir el correo electrónico y recibir varios mensajes con ofertas de medicamentos contra la impotencia masculina. O encender el televisor y ver eróticas coreografías de baile alrededor de un caño. Situaciones como éstas hay muchas, y todas no hacen más que confirmar que el sexo es un excelente negocio.
Sexo + Internet = Dinero
Pongamos por caso la vasta cantidad de mujeres, hombres y travestis que, mediante un simple pago mensual al sitio web “Gemidos”, ofrecen sus servicios sexuales a 60.000 navegantes diarios en promedio. “Empezamos poniendo los avisos de las chicas que aparecían en el diario, después nos propusimos confirmar que las chicas de esos avisos que nosotros publicábamos estuvieran verdaderamente en servicio. Entonces yo llamaba diciendo que era de una página de Internet y le preguntaba si el aviso que yo había puesto estaba bien, y se dio que algunas ya estaban al tanto de la página y directamente nos preguntaban a donde tenían que ir a pagar. Y bueno, se nos fue facilitando todo. Hoy en día tenemos 830 avisos y en ese momento teníamos 15”, sostiene el creador y dueño de Gemidos, dando una clara muestra de como ha ido creciendo últimamente el mercado sexual en el mundo, pero sobretodo en Buenos Aires.
Juguetes rabiosos
Martín, un proveedor de locales de venta de accesorios sexuales (sex-shops), afirma que: “De a poquito las mentes de las personas se van abriendo más y van conociendo, quieren saber como es. A veces por curiosidad, o por aburrimiento, por aventurar algo nuevo. Hace 4 años que me dedico a esto y puedo asegurar que creció la demanda, pero también creció la oferta, así que no podría decir que hay una mayor ganancia, más con el desastre del 2001. Pero igual cada vez hay más sex-shops como personas prostituyéndose, eso también se amplió.”
Según Martín, los productos que más se venden en Argentina (y específicamente en Buenos Aires) son los lubricantes, cuyos precios oscilan los 25 pesos. Le siguen las esferas anales (para saber para que sirven, use su imaginación y se dará cuenta enseguida), que van desde los 30 a los 60 pesos según su tamaño y material. La clientela femenina generalmente adquiere lencería erótica (algunos conjuntos superan los 150 pesos) y una gran variedad de consoladores: realísticos, vibradores, macizos, de doble penetración y hasta prótesis, cuyos precios van desde los 20 hasta los 80 pesos según su calidad.
Sin embargo, cuando de películas pornográficas se trata, Martín sostiene que: “Tenemos muchísimos títulos, pero no se venden tanto. Se venden muchos más juguetes que películas. Además siempre las podés conseguir gratis con la piratería, en vez de comprar un DVD original que cuesta 60 pesos –y agrega un tanto resignado- eso va en contra del negocio, pero así son las reglas de juego.”
No apto para menores
A cien años de la primera película pornográfica (casualmente producida en Argentina), ésta industria ve dividido su andar en dos caminos no necesariamente antagónicos: profesional y amateur, ambos afectados por la tecnología aunque de manera diferente.
Víctor Maytland, el precursor del cine porno nacional profesional, asegura que: “Si no se exporta, el porno no es negocio”, y agrega: “Una película promedio tiene un costo de producción que ronda los 10 mil pesos. Esa película se lanza en video para alquiler y venta. En total, se venden aproximadamente unas quinientas copias legales. Con eso se intenta pagar el costo de producción. Luego, la venta al canal Venus y los derechos de exhibición en el exterior son los que dejan un margen de ganancia. Pero para exportar es necesario hacer productos de calidad, significa correr un riesgo económico más alto.”
En la vereda de enfrente está Cristian, un jóven productor argentino que vio el negocio del cine amateur hace unos años y ahora se dedica a él casi exclusivamente. Con su cámara, sus conocimientos de computación y un par de jovencitas contratadas consigue hacer buen dinero vendiéndole producciones caseras a productoras españolas. “Lo que filmo lo pongo en la compu, le agrego música, lo compagino un poco y en cuatro o cinco horas termino. Subo todo al servidor de los gallegos que me encargaron este título y dentro de dos días tengo 900 pesos más en mi cuenta. Restale los 300 que me gasté en las chicas y me gané 600 pesos en un día de laburo”, sostiene Cristian con una sonrisa de oreja a oreja.
continúa en el próximo post ...
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