tag:blogger.com,1999:blog-7091505863460285627.post-39158376043574619932008-03-14T17:50:00.001-02:002008-03-14T17:51:43.018-02:002008-03-14T17:51:43.018-02:00El perro familiar<span class="dropcaps">H</span>abía sido una pesada jornada laboral para los zafreros de Bella Vista. El sol, burlándose del invierno, había cocinado el cañaveral como nunca. Gutiérrez, el patrón, necesitaba cumplir con una zafra extraordinaria ese día, por lo que los humildes “cañeros” tuvieron que trabajar catorce horas seguidas. Machete en mano, cortaron cañas hora tras hora sin siquiera chistar: todavía estaba fresca la noticia de que el perro familiar se había devorado a dos de sus compañeros.<br /><span id="fullpost"><br />Antonio, uno de los más antiguos trabajadores del ingenio, llegó a su casa más cansado que de costumbre. Fue a dejar la bicicleta en el fondo, abriéndose paso entre las gallinas que correteaban de aquí para allá cacareando como si fuese el fin del mundo. Entró a la cocina por la puerta de atrás y Florencia lo estaba esperando con una humeante sopa picada no muy colorida, pan casero y un vaso de vino tinto. No hacía mucho que se había puesto de noche.<br /><br />Si hubiera habido en Bella Vista una votación para saber quién era la persona más querida del pueblo, Antonio habría ganado cómodamente. Su afable expresión, su manera de decir las cosas, su gran corazón y su habilidad para organizar fiestas populares conquistaron hasta el más antipático de los habitantes. Pero ese día Antonio tenía rabia: dos de sus amigos ya no estaban. Entonces, esa misma noche decidió continuar la lucha de Ovidio Puebla y Mario Pandolfi.<br /><br />“¿Qué te pasa?”, le preguntó Florencia un tanto preocupada al ver el rostro de su esposo. “Anoche desaparecieron el negro y Pandolfi. Andan diciendo que se los comió el perro familiar. Están todos asustados”, respondió Antonio con desazón. Florencia le tenía terror al perro familiar. De chica su padre le contaba historias aterradoras de ese gran perro blanco de ojos rojos, que arrastraba pesadas cadenas y se comía a los trabajadores más rebeldes.<br /><br />Doña Justina, una anciana sabia del pueblo de Bella Vista, sostenía que sólo había dos formas de matar al perro familiar: una era con un cuchillo de plata con la empuñadura en cruz; la otra era juntar 200 hombres, ni uno más ni uno menos, y atacarlo a puño limpio. Contando a los dos últimos trabajadores, el perro familiar se había despachado a 23; juntar 200 valientes se hacía una tarea bastante dificultosa en la mente de cualquiera de los “cañeros”.<br /><br />A la mañana siguiente, bien temprano, Antonio esperó a Gutiérrez en la puerta del ingenio. Cuanto éste llegó, escoltado por dos gigantes, lo escrutó de arriba abajo y sin sacarse el cigarrillo de la boca le dijo: “¿Qué pasa Salvi?”. “Vengo a solicitar una mejora para los trabajadores de la zafra”, respondió Antonio. Gutiérrez sonrió sarcásticamente y detrás de él los gigantes hicieron lo mismo. “Pasá que lo discutimos”, dijo y le puso una mano en el hombro.<br /><br />Antonio no volvió a trabajar, pero dos días después, con el agobiante sol como único testigo, exactamente 200 zafreros con los puños en alto, lograron apagar el ruido de las cadenas del perro familiar para siempre.<br /></span>Leonardo Santillánhttp://www.blogger.com/profile/01609525275293009706noreply@blogger.com0